La marca · del gb al g·b
Lo diseñé con código. Lo decidí con personas.
Esta es la historia del símbolo que está arriba en esta página: de dónde salió, el problema que apareció en el camino y la prueba que definió la forma final.
De dónde salió
Empecé con láminas generadas por IA, a partir de un libro que me gusta mucho: Logo Modernism, de Jens Müller, una colección de marcas modernistas. Fueron un punto de partida, no una respuesta.
De ahí en adelante, nada se dibujó a mano. Cada símbolo es un script en Python que genera SVG. Cambiar una medida es cambiar un número y volver a ejecutarlo.
Fueron diez rondas. En algunas, cada concepto salía del principio de una referencia: los programas de Karl Gerstner, las líneas que se expanden desde el México 68 de Lance Wyman, el humor de Paul Rand, la diagonal de Anton Stankowski, la retícula que vibra en los Metaesquemas de Hélio Oiticica. Me llevaba la regla, no la forma.

La forma
En la segunda ronda apareció el diseño que se quedó: una g y una b minúsculas que comparten la misma asta. Si se gira 180°, la g se convierte en b. Es una sola forma, leída desde los dos lados.
Me gustó porque es una regla, no un adorno. De ella salieron una familia completa (moneda, dibujo técnico, circuito, patrones) y un mosaico en el que cada celda es el mismo gb en otro material.

El problema
Se lo mostré a un amigo. Lo miró y vio otra cosa: dos formas redondas pegadas a la base de un asta larga. Una lectura anatómica que nadie había pedido y que, una vez vista, ya no se puede dejar de ver. Tenía razón.
Mi primera reacción fue la de un ingeniero: corregirlo. Separé las letras, desalineé los óvalos, acorté el asta, lo incliné todo. Hice 22 bocetos y le di a cada uno una nota de riesgo.
Pero la nota era mía. Yo ya sabía lo que estaba buscando, y eso convertía a mi propio ojo en el peor instrumento para medirlo.

La prueba y la regla
Entonces dejé de dibujar y armé una prueba de lectura. Tres tarjetas neutras, sin nombre y a la misma escala: el g·b (letras separadas, con un punto en el medio), el gb fusionado original y la Moneda, que es el gb dentro de un disco.



Las envié a unas doce personas, una imagen a la vez y en órdenes distintos. Para cada imagen, dos preguntas: ¿qué ves? Y, si tuvieras que leer letras, ¿cuáles? Nadie sabía de la crítica. Al final, una lámina con las tres opciones de marca y una última pregunta: ¿cuál se parece más a mí?
Antes de ver una sola respuesta, escribí la regla de decisión:
Regla de decisión · escrita antes de las respuestas
- Si dos o más personas mencionan algo anatómico sin que se les sugiera, la forma queda fuera como símbolo estático.
- Si menos de dos tercios leen g y b, la forma pierde puntos.
- Entre las que queden, gana la más elegida en la pregunta final.
- En caso de empate, gana la que mejor funciona como favicon a 16 px.
- Después de la decisión, nada de nueva exploración. Solo ajustes finales.
La decisión
- ~12
- personas, una imagen a la vez
- 2
- lecturas anatómicas del gb fusionado
- 0
- lecturas anatómicas del g·b
El gb fusionado tuvo dos lecturas anatómicas espontáneas. Según la regla, quedó fuera como símbolo estático. Y su lectura más común ni siquiera era esa: era “lentes”.
El g·b no tuvo ninguna. Fue el que más se leyó como letras y el más elegido en la pregunta final. Ganó.
El punto del medio no es un adorno. Es el punto de las i de gabriel y brina, que en el nombre escrito también llevan ese color. Y es el centro de rotación: si se gira 180° alrededor de él, la g se sigue convirtiendo en b.
Los límites son reales. Doce personas son pocas, y todas eran conocidas mías. Una prueba así no mide la preferencia del público. Sirve para encontrar problemas que yo solo no vería.
Y hubo un error en el diseño de la prueba. Las tarjetas estaban numeradas 1, 2 y 3, y la lámina final también. Algunas personas respondieron según el orden en que habían recibido las imágenes, no según el número de la lámina, y por eso la primera lectura de los votos salió mal. En la próxima, ningún número se repite entre etapas.
Después de la decisión, solo ajustes finales. Probé cuatro distancias entre las letras y me quedé con la tercera. Sobre fondo claro, el punto pasó de azafrán a ocre, porque el azafrán casi desaparecía sobre el crema.

Lo que queda en movimiento
El gb fusionado no se descartó. Sigue vivo, pero en movimiento. En la animación de arriba, las letras se acercan, se funden en el diseño original, giran 180° alrededor del punto y se separan otra vez.
Quieto, se leía mal. Pasando rápido, es solo la g convirtiéndose en b.
Lo que aprendí
Lo difícil no fue dibujar. Fue parar. Con un generador en código siempre se puede hacer una ronda más, y una ronda más parece trabajo.
Pero “¿esto se lee mal?” no se responde dibujando. Se responde preguntándole a la gente, con la regla escrita antes, para no cambiar el criterio después de ver el resultado.
Es lo que intento hacer también en el trabajo: una hipótesis, una prueba pequeña, una decisión. Aquí, cupo en una docena de conversaciones.